¿En qué dirección?
El Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida. Salmos 37.23, NTV
¿Por qué Dios no me muestra lo que quiere que haga?, se pregunta. Y tal vez parezca que Él no le está dando instrucciones hoy. A pesar de ello, no se desanime, el Padre está obrando activamente en su situación y guiándole, aun cuando usted no lo perciba.
Dios le oye. Él entiende el clamor de su corazón y la confusion que siente cuando no sabe en qué dirección seguir; y sería completamente extraño a su carácter esconderle sus planes cuando usted le busca (Jeremías 29.11–13).
La verdad es que el Padre movería cielo y tierra para mostrarle su voluntad y ayudarle a andar en ella. Sin embargo, el Señor también entiende lo que exige enseñarle a usted a tener una fe genuina, que perdure; así que Él tiene el cuidado de no revelarle todo a la vez.
Por consiguiente, descanse seguro de que incluso en este momento el Padre está enseñándole a confiar en Él e iluminará la senda lo suficiente para que camine a su lado un paso a la vez.
Señor, confío en ti. Es difícil, pero andaré por fe, paso a paso, y creeré que tú eres completamente digno de confianza. Amén.
En su presencia... reciba una dirección confiable.
El Señor dirige los pasos de los justos; se deleita en cada detalle de su vida. Salmos 37.23, NTV
¿Por qué Dios no me muestra lo que quiere que haga?, se pregunta. Y tal vez parezca que Él no le está dando instrucciones hoy. A pesar de ello, no se desanime, el Padre está obrando activamente en su situación y guiándole, aun cuando usted no lo perciba.
Dios le oye. Él entiende el clamor de su corazón y la confusion que siente cuando no sabe en qué dirección seguir; y sería completamente extraño a su carácter esconderle sus planes cuando usted le busca (Jeremías 29.11–13).
La verdad es que el Padre movería cielo y tierra para mostrarle su voluntad y ayudarle a andar en ella. Sin embargo, el Señor también entiende lo que exige enseñarle a usted a tener una fe genuina, que perdure; así que Él tiene el cuidado de no revelarle todo a la vez.
Por consiguiente, descanse seguro de que incluso en este momento el Padre está enseñándole a confiar en Él e iluminará la senda lo suficiente para que camine a su lado un paso a la vez.
Señor, confío en ti. Es difícil, pero andaré por fe, paso a paso, y creeré que tú eres completamente digno de confianza. Amén.
En su presencia... reciba una dirección confiable.
Fe en que Él es.
Sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad. Hebreos 11.6, NTV
¿Qué es lo que usted espera? ¿Qué deseo se mueve en su corazón? Cuando Dios le habló al respecto, ¿le creyó?
La fe verdadera no es simplemente la seguridad de obtener un cierto resultado; más bien, es la absoluta confianza en el carácter y la capacidad inmutables de Dios, independientemente de sus circunstancias.
Cuando Él le habla al corazón, habla en serio y cumplirá lo que promete (Isaías 55.10–11). Por consiguiente, la fe real confía en que el Dios viviente cumplirá su palabra.
Pero he estado esperando tanto tiempo, se lamenta usted. Sí, y el Padre tal vez le haga esperar aún más (Isaías 64.4).
Sin embargo, las preguntas importantes en las que hay que enfocarse aquí son dos.
¿Cree que Dios existe y le ayudará? Y, ¿cree que él tiene en mente lo que es mejor para usted?
No tiene que insistir en suplicarle al Señor que haga lo que ha prometido. Él lo hará. En lugar de ello, descanse en la capacidad y carácter infalibles de Dios. Y confíe en que Él siempre cumple su palabra.
Dios, creo de verdad que me ayudarás. Gracias por tener en mente lo que es mejor para mí y dirigirme con éxito. Amén.
En su presencia... la fe verdadera se vuelve realidad.
Sin fe es imposible agradar a Dios. Todo el que desee acercarse a Dios debe creer que él existe y que él recompensa a los que lo buscan con sinceridad. Hebreos 11.6, NTV
¿Qué es lo que usted espera? ¿Qué deseo se mueve en su corazón? Cuando Dios le habló al respecto, ¿le creyó?
La fe verdadera no es simplemente la seguridad de obtener un cierto resultado; más bien, es la absoluta confianza en el carácter y la capacidad inmutables de Dios, independientemente de sus circunstancias.
Cuando Él le habla al corazón, habla en serio y cumplirá lo que promete (Isaías 55.10–11). Por consiguiente, la fe real confía en que el Dios viviente cumplirá su palabra.
Pero he estado esperando tanto tiempo, se lamenta usted. Sí, y el Padre tal vez le haga esperar aún más (Isaías 64.4).
Sin embargo, las preguntas importantes en las que hay que enfocarse aquí son dos.
¿Cree que Dios existe y le ayudará? Y, ¿cree que él tiene en mente lo que es mejor para usted?
No tiene que insistir en suplicarle al Señor que haga lo que ha prometido. Él lo hará. En lugar de ello, descanse en la capacidad y carácter infalibles de Dios. Y confíe en que Él siempre cumple su palabra.
Dios, creo de verdad que me ayudarás. Gracias por tener en mente lo que es mejor para mí y dirigirme con éxito. Amén.
En su presencia... la fe verdadera se vuelve realidad.
Forwarded from Dr. Smith blog (Dr. Smith .)
Aprendamos a discipular de forma personal: sin mirar números, mirar a las personas. Creemos con intencionalidad una relación genuina con cada discípulo. Aplaude sus éxitos, consuela sus tropiezos. Ayúdales a depender de la guía del Espíritu Santo.
"DI ESTAS PALABRAS Y TE SALVARÁS".
Cuando Policarpo de Esmirna, discípulo del apóstol Juan fue apresado, el gobernador le aconsejó que tuviese piedad de sí mismo por razón de su edad avanzada, y que negase su fe en Cristo de una vez por medio de un juramento en el nombre del emperador.
El gobernador le dijo: "¿Quieres evitar los sufrimientos y la muerte? Solamente di estas palabras: kaisar Kyrios (César es señor)".
Policarpo le contestó: —He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno el mismo. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?
El gobernador furioso contestó: "¡Tengo listas las fieras y te echaré entre ellas, a menos que cambies de pensar!" Policarpo sin temor alguno dijo: "Qué vengan las fieras, porque no cambiaré mi fe. No es razonable cambiarnos del bien al mal por razón de las persecuciones; mejor sería que los hacedores de maldad se convirtiesen del mal al bien".
El gobernador respondió: "Está bien, si no quieres negar tú fe y a las fieras no les tienes miedo, te vamos a quemar". Una vez más Policarpo le contestó, diciendo: "Usted me amenaza con el fuego que arderá tal vez una hora y luego se apagará; pero usted no sabe de la llama del juicio de Dios que es preparada para el castigo y tormento eterno de los impíos. Pero, ¿por qué demora? Traiga las fieras, traiga el fuego, o traiga lo que sea; ningún tormento me hará negar a Cristo, mí Señor y Salvador".
Iesous Kyrios: ‘Jesús es Señor’.
Comparte con libertad.
Cuando Policarpo de Esmirna, discípulo del apóstol Juan fue apresado, el gobernador le aconsejó que tuviese piedad de sí mismo por razón de su edad avanzada, y que negase su fe en Cristo de una vez por medio de un juramento en el nombre del emperador.
El gobernador le dijo: "¿Quieres evitar los sufrimientos y la muerte? Solamente di estas palabras: kaisar Kyrios (César es señor)".
Policarpo le contestó: —He servido a mi Señor Jesucristo durante 86 años y nunca me ha causado daño alguno el mismo. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?
El gobernador furioso contestó: "¡Tengo listas las fieras y te echaré entre ellas, a menos que cambies de pensar!" Policarpo sin temor alguno dijo: "Qué vengan las fieras, porque no cambiaré mi fe. No es razonable cambiarnos del bien al mal por razón de las persecuciones; mejor sería que los hacedores de maldad se convirtiesen del mal al bien".
El gobernador respondió: "Está bien, si no quieres negar tú fe y a las fieras no les tienes miedo, te vamos a quemar". Una vez más Policarpo le contestó, diciendo: "Usted me amenaza con el fuego que arderá tal vez una hora y luego se apagará; pero usted no sabe de la llama del juicio de Dios que es preparada para el castigo y tormento eterno de los impíos. Pero, ¿por qué demora? Traiga las fieras, traiga el fuego, o traiga lo que sea; ningún tormento me hará negar a Cristo, mí Señor y Salvador".
Iesous Kyrios: ‘Jesús es Señor’.
Comparte con libertad.
Hablándole al Dios que escucha
Por Danny Saavedra
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal”—1 Pedro 3:12 (NVI)
“El Dios de toda gracia” Así es como el apóstol Pedro lo llama. Esa palabra gracia, del griego charis, quiere decir favor extendido. Implica un don o una bendición, misericordia; de allí viene nuestra palabra en español caridad. Por lo tanto, Dios es el dador de todas las bendiciones, todos los dones, toda la misericordia y todo favor. Él es el dador de TODO lo que es bueno. Y uno de los medios principales a través del cual Él extiende toda gracia a nosotros es a través de la oración.
Entonces, ¿qué es la oración? En los términos más sencillos posibles, orar es hablar con Dios; es una conversación entre nosotros y Dios. Sin embargo, como un autor cristiano dijo: “orar no es simplemente hablar con Dios, sino responder a Aquel que ha iniciado la conversación con nosotros. Él ha hablado primero. Esta no es una conversación que nosotros comenzamos, sino una relación en la que nosotros hemos sido atraídos. Su voz rompe el silencio”.
Cuando oramos, estamos hablando con Aquel que nos ha hablado a nosotros a través de la creación misma. (Romanos 1:20, Salmos 19: 1-4). Aquel que ha hablado gracia (2 Corintios 12:9) y paz (Salmos 46:10) y amor (Juan 3:16) sobre nosotros, Aquel que ha hablado palabras de verdad (Juan 6:68) y de vida (Juan 10:10), quien nos ha mostrado el camino (Juan 14:6). Considerando todo esto, la oración es pues una respuesta, un reflejo de la gracia que Él nos da.
Cuando nosotros nos presentamos delante de Él en oración, para hablar con Él, podemos estar seguros de que Él ya ha hablado con nosotros. 2 Corintios 1:20 (NTV) declara: “Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante «¡sí!», y por medio de Cristo, nuestro «amén» (que significa «sí») se eleva a Dios para su gloria”.
La oración es nuestra línea de vida bidireccional, una línea de vida que está disponible para nosotros a través de la persona y el trabajo del hijo de Dios, Jesucristo y la presencia del Espíritu Santo en nosotros.
Bien, entonces… orar es una conversación que Dios inició: es nuestra respuesta al Dios que nos oye, nos escucha y acepta mi oración (Salmos 6: 9 NVI) … Pero ¿cuál es el gran propósito de la oración? Dios sabe lo que voy a orar antes de hacerlo, Él conoce mi corazón mejor que yo, Él conoce mis necesidades, mis deseos, mis sueños, mis miedos y las áreas donde más lo necesito. Entonces, ¿por qué oramos? No es porque obtengamos nada de Dios, sino porque obtenemos a Dios. John Piper escribió una vez. “No está mal querer y pedir los dones de Dios. La mayoría de las oraciones en la Biblia son por los dones de Dios. Pero en última instancia, todo don debe ser deseado porque nos muestra y nos trae más de Él”. Amigos, en los términos más simples que puedo reunir, el propósito de nuestras oraciones es que experimentemos más de Dios. En cada petición, cada expresión, cada pregunta, cada súplica, cada confesión y revelación, todo lo que pedimos o declaramos en oración, el objetivo final es conocer en el nivel más profundo posible al Dios que salva, sostiene y redime y restaura.
Quiero cerrar hoy con este simple recordatorio: Dios quiere oír de ti. De hecho, Dios está más listo para oír de nosotros, que nosotros listos para orar. Piensa en esto… Él quiere interactuar contigo. Él desea algo más que un conocimiento de la cabeza, una relación superficial e hipotética. El Dios de toda gracia quiere llenarte de toda Su Gracia más allá de tu habilidad para medir.
Por Danny Saavedra
“Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos, atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra los que hacen el mal”—1 Pedro 3:12 (NVI)
“El Dios de toda gracia” Así es como el apóstol Pedro lo llama. Esa palabra gracia, del griego charis, quiere decir favor extendido. Implica un don o una bendición, misericordia; de allí viene nuestra palabra en español caridad. Por lo tanto, Dios es el dador de todas las bendiciones, todos los dones, toda la misericordia y todo favor. Él es el dador de TODO lo que es bueno. Y uno de los medios principales a través del cual Él extiende toda gracia a nosotros es a través de la oración.
Entonces, ¿qué es la oración? En los términos más sencillos posibles, orar es hablar con Dios; es una conversación entre nosotros y Dios. Sin embargo, como un autor cristiano dijo: “orar no es simplemente hablar con Dios, sino responder a Aquel que ha iniciado la conversación con nosotros. Él ha hablado primero. Esta no es una conversación que nosotros comenzamos, sino una relación en la que nosotros hemos sido atraídos. Su voz rompe el silencio”.
Cuando oramos, estamos hablando con Aquel que nos ha hablado a nosotros a través de la creación misma. (Romanos 1:20, Salmos 19: 1-4). Aquel que ha hablado gracia (2 Corintios 12:9) y paz (Salmos 46:10) y amor (Juan 3:16) sobre nosotros, Aquel que ha hablado palabras de verdad (Juan 6:68) y de vida (Juan 10:10), quien nos ha mostrado el camino (Juan 14:6). Considerando todo esto, la oración es pues una respuesta, un reflejo de la gracia que Él nos da.
Cuando nosotros nos presentamos delante de Él en oración, para hablar con Él, podemos estar seguros de que Él ya ha hablado con nosotros. 2 Corintios 1:20 (NTV) declara: “Pues todas las promesas de Dios se cumplieron en Cristo con un resonante «¡sí!», y por medio de Cristo, nuestro «amén» (que significa «sí») se eleva a Dios para su gloria”.
La oración es nuestra línea de vida bidireccional, una línea de vida que está disponible para nosotros a través de la persona y el trabajo del hijo de Dios, Jesucristo y la presencia del Espíritu Santo en nosotros.
Bien, entonces… orar es una conversación que Dios inició: es nuestra respuesta al Dios que nos oye, nos escucha y acepta mi oración (Salmos 6: 9 NVI) … Pero ¿cuál es el gran propósito de la oración? Dios sabe lo que voy a orar antes de hacerlo, Él conoce mi corazón mejor que yo, Él conoce mis necesidades, mis deseos, mis sueños, mis miedos y las áreas donde más lo necesito. Entonces, ¿por qué oramos? No es porque obtengamos nada de Dios, sino porque obtenemos a Dios. John Piper escribió una vez. “No está mal querer y pedir los dones de Dios. La mayoría de las oraciones en la Biblia son por los dones de Dios. Pero en última instancia, todo don debe ser deseado porque nos muestra y nos trae más de Él”. Amigos, en los términos más simples que puedo reunir, el propósito de nuestras oraciones es que experimentemos más de Dios. En cada petición, cada expresión, cada pregunta, cada súplica, cada confesión y revelación, todo lo que pedimos o declaramos en oración, el objetivo final es conocer en el nivel más profundo posible al Dios que salva, sostiene y redime y restaura.
Quiero cerrar hoy con este simple recordatorio: Dios quiere oír de ti. De hecho, Dios está más listo para oír de nosotros, que nosotros listos para orar. Piensa en esto… Él quiere interactuar contigo. Él desea algo más que un conocimiento de la cabeza, una relación superficial e hipotética. El Dios de toda gracia quiere llenarte de toda Su Gracia más allá de tu habilidad para medir.
La relación del cristiano con la oración
Por Pastor Dan Hickling
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.”—1 Juan 5:14 (Reina Valera)
El verso anterior realmente llega al corazón de la relación del creyente con la oración. Mire la afirmación radical que está escrita aquí: “que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye”.
Cuando leemos la palabra de Dios, frecuentemente encontramos afirmaciones que parecen muy buenas para ser verdad. Si fuéramos completamente honestos, este pasaje calificaría como uno de ellos. Si pedimos (oramos) por algo que se alinee con la voluntad de Dios, Él lo escucha.
Deténgase y medite en esto por un momento. Hablando en términos generales, el acceso que tenemos a una persona disminuye en tanto el poder aumenta. No podemos entrar y ocupar el tiempo de las personas “importantes”. Se necesita una cita, y aun así posiblemente no tengamos acceso a esa persona con poder.
¡Qué maravilloso es Dios! El ser más poderoso en toda la existencia nos ha dado acceso sin restricción a Su gente a través de la vía de la oración. Más allá de esto, Él desea que aprovechemos este privilegio pidiendo cualquier cosa dentro de Su voluntad. ¡Sin cuotas ni limitaciones, mientras algo se ajuste al plan y propósitos de Dios, estamos invitados a pedirle por eso y Él lo escucha!
Nuestra relación con la oración no termina allí. Observe lo que se nos ha dicho una vez Dios escucha nuestra oración: “Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”. 1 Juan 5:15 (RVR1960)
Después de escuchar que nuestras oraciones se ajustan a Su voluntad, Él las responde. Esto es lo que se quiere decir cuando se nos asegura que “tenemos las peticiones que le hemos pedido”. Ahora, debemos recordar que Dios no siempre contesta nuestras oraciones de la manera que esperamos que Él lo haga. A veces Él responde a nuestras peticiones, pero de una manera diferente del tiempo o los medios que asumimos o pedimos.
Pero al confiar los detalles específicos de las respuestas del Señor a Su providencia, encontramos un descanso sin precedentes en la relación sin precedentes a la que tenemos con la oración que nos da acceso y seguridad en el corazón de Dios mismo.
Por Pastor Dan Hickling
“Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.”—1 Juan 5:14 (Reina Valera)
El verso anterior realmente llega al corazón de la relación del creyente con la oración. Mire la afirmación radical que está escrita aquí: “que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad, Él nos oye”.
Cuando leemos la palabra de Dios, frecuentemente encontramos afirmaciones que parecen muy buenas para ser verdad. Si fuéramos completamente honestos, este pasaje calificaría como uno de ellos. Si pedimos (oramos) por algo que se alinee con la voluntad de Dios, Él lo escucha.
Deténgase y medite en esto por un momento. Hablando en términos generales, el acceso que tenemos a una persona disminuye en tanto el poder aumenta. No podemos entrar y ocupar el tiempo de las personas “importantes”. Se necesita una cita, y aun así posiblemente no tengamos acceso a esa persona con poder.
¡Qué maravilloso es Dios! El ser más poderoso en toda la existencia nos ha dado acceso sin restricción a Su gente a través de la vía de la oración. Más allá de esto, Él desea que aprovechemos este privilegio pidiendo cualquier cosa dentro de Su voluntad. ¡Sin cuotas ni limitaciones, mientras algo se ajuste al plan y propósitos de Dios, estamos invitados a pedirle por eso y Él lo escucha!
Nuestra relación con la oración no termina allí. Observe lo que se nos ha dicho una vez Dios escucha nuestra oración: “Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho”. 1 Juan 5:15 (RVR1960)
Después de escuchar que nuestras oraciones se ajustan a Su voluntad, Él las responde. Esto es lo que se quiere decir cuando se nos asegura que “tenemos las peticiones que le hemos pedido”. Ahora, debemos recordar que Dios no siempre contesta nuestras oraciones de la manera que esperamos que Él lo haga. A veces Él responde a nuestras peticiones, pero de una manera diferente del tiempo o los medios que asumimos o pedimos.
Pero al confiar los detalles específicos de las respuestas del Señor a Su providencia, encontramos un descanso sin precedentes en la relación sin precedentes a la que tenemos con la oración que nos da acceso y seguridad en el corazón de Dios mismo.
Detente y Busca
Por Pastor Dan Hickling
“Pero cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho con Jericó y Hai, recurrieron a la astucia, pues fueron y se fingieron embajadores, tomaron sacos viejos sobre sus asnos y odres viejos de vino, rotos y remendados.”—Josué 9:3-4 (RVR)
¿Sabías que las experiencias físicas relacionadas con la conquista de la tierra prometida de Israel reflejan las experiencias espirituales de la vida cristiana? Lo que ellos pasaron naturalmente, nosotros lo pasamos sobrenaturalmente. Vemos esto claramente a medida que se nos presenta a los gabaonitas.
En el contexto de esta historia, Israel está en marcha. Todos los indígenas de Canaán están aterrorizados de ellos. Ven la escritura en la pared que Israel es invencible, así que se unen en un intento desesperado de combatirlos. Excepto para la gente de Gabaón. Ellos toman un enfoque muy diferente a la autopreservación.
En lugar de luchar contra Israel con la espada, luchan con el arma del engaño. Aunque su tierra estaba cerca y dentro del rango de la conquista de Israel, los gabaonitas enviaron una contingencia que fingía ser de una tierra lejana. Ellos imaginaron que Israel vendría en términos de paz con ellos si ellos fueran de lejos, ¿Y sabes qué? ¡Funcionó!
Funcionó por una simple razón: El pueblo de Dios no lo consultó. Los gabaonitas se presentaron como si hubieran estado en un largo viaje, corroborando su historia. Se veían reales, pero eso no cambiaba el hecho de que estaban mintiendo todo el tiempo. Sólo una persona vio a través del velo del engaño, construido cuidadosamente: ¡Dios!
Sin duda alguna, Dios habría advertido del engaño de los gabaonitas si sólo su pueblo hubiera preguntado: Señor, estas personas han venido, y parece que están diciendo la verdad. Estamos a punto de entrar en un convenio de paz con ellos, pero creemos que debemos buscar tu dirección antes de comprometernos. ¿Tienes alguna palabra para nosotros? ¡Que diferente se hubiera leído la historia si sólo se hubieran detenido a orar!
Aquí está el paralelo espiritual: Cuán diferente serían nuestras vidas si sólo nos detuvieramos a orar antes de tomar una decisión o comprometernos a algo. Nuestro Padre Celestial lo ve todo, lo sabe todo, y nos ama más de lo que podamos imaginar. Si hay algo que estamos a punto de hacer que va a ser dañino, ¿no sabemos que Él será fiel para advertirnos con el poder de Su Espíritu? Pero, necesitamos posicionarnos en la oración para recibir legítimamente esa advertencia.
Eso es exactamente lo que Israel no hizo, y les costaría por muchos años en el futuro, ya que no eran capaces de poseer completamente la tierra como Dios quería. Evitemos su destino siendo personas que constantemente se detienen y buscan al Señor en oración.
Por Pastor Dan Hickling
“Pero cuando los habitantes de Gabaón oyeron lo que Josué había hecho con Jericó y Hai, recurrieron a la astucia, pues fueron y se fingieron embajadores, tomaron sacos viejos sobre sus asnos y odres viejos de vino, rotos y remendados.”—Josué 9:3-4 (RVR)
¿Sabías que las experiencias físicas relacionadas con la conquista de la tierra prometida de Israel reflejan las experiencias espirituales de la vida cristiana? Lo que ellos pasaron naturalmente, nosotros lo pasamos sobrenaturalmente. Vemos esto claramente a medida que se nos presenta a los gabaonitas.
En el contexto de esta historia, Israel está en marcha. Todos los indígenas de Canaán están aterrorizados de ellos. Ven la escritura en la pared que Israel es invencible, así que se unen en un intento desesperado de combatirlos. Excepto para la gente de Gabaón. Ellos toman un enfoque muy diferente a la autopreservación.
En lugar de luchar contra Israel con la espada, luchan con el arma del engaño. Aunque su tierra estaba cerca y dentro del rango de la conquista de Israel, los gabaonitas enviaron una contingencia que fingía ser de una tierra lejana. Ellos imaginaron que Israel vendría en términos de paz con ellos si ellos fueran de lejos, ¿Y sabes qué? ¡Funcionó!
Funcionó por una simple razón: El pueblo de Dios no lo consultó. Los gabaonitas se presentaron como si hubieran estado en un largo viaje, corroborando su historia. Se veían reales, pero eso no cambiaba el hecho de que estaban mintiendo todo el tiempo. Sólo una persona vio a través del velo del engaño, construido cuidadosamente: ¡Dios!
Sin duda alguna, Dios habría advertido del engaño de los gabaonitas si sólo su pueblo hubiera preguntado: Señor, estas personas han venido, y parece que están diciendo la verdad. Estamos a punto de entrar en un convenio de paz con ellos, pero creemos que debemos buscar tu dirección antes de comprometernos. ¿Tienes alguna palabra para nosotros? ¡Que diferente se hubiera leído la historia si sólo se hubieran detenido a orar!
Aquí está el paralelo espiritual: Cuán diferente serían nuestras vidas si sólo nos detuvieramos a orar antes de tomar una decisión o comprometernos a algo. Nuestro Padre Celestial lo ve todo, lo sabe todo, y nos ama más de lo que podamos imaginar. Si hay algo que estamos a punto de hacer que va a ser dañino, ¿no sabemos que Él será fiel para advertirnos con el poder de Su Espíritu? Pero, necesitamos posicionarnos en la oración para recibir legítimamente esa advertencia.
Eso es exactamente lo que Israel no hizo, y les costaría por muchos años en el futuro, ya que no eran capaces de poseer completamente la tierra como Dios quería. Evitemos su destino siendo personas que constantemente se detienen y buscan al Señor en oración.